AMADA FAMILIA EN LA FE,
Hay momentos en la vida donde sentimos que nuestras fuerzas se agotan, pero precisamente ahí tenemos que recordar de dónde viene nuestra verdadera fortaleza.
David declaró:
“Te amo, oh Jehová, fortaleza mía. Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador…”
Salmos 18:1-2
David conocía lo que era vivir bajo presión, enfrentar enemigos, atravesar temporadas difíciles y caminar por lugares inciertos. Sin embargo, aprendió algo que también nosotros debemos aprender: nuestra fuerza no depende de las circunstancias, sino de nuestra intimidad con Dios.
David adoraba. David oraba. David corría a la presencia de Dios.
Muchas veces, cuando llegan las crisis, nuestra primera reacción es querer escapar. Pero hay temporadas donde, en lugar de huir, tenemos que correr hacia Dios.
Háblale con sinceridad. Dile cómo te sientes. Él ya conoce tu corazón y no se intimida con tus lágrimas, tus preguntas ni tus procesos.
Quizás hoy te encuentras atravesando algo que todavía no entiendes. Pero recuerda esto: Dios no solamente está mirando tu proceso; Él conoce el producto terminado.
“El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará…”
Filipenses 1:6
No desmayes.
David no venció solamente porque tenía habilidades. Venció porque sabía de parte de quién estaba peleando. Cuando se enfrentó a Goliat, entendía que su confianza no estaba en una espada, sino en el nombre de Jehová de los ejércitos.
Tú tampoco dependes del hombre. Dependemos de Dios.
Por eso, aun en medio de la crisis, podemos regocijarnos. No nos gozamos por el dolor ni por la prueba. Nos gozamos porque Cristo permanece con nosotros dentro de ella.
Ora en todo tiempo. Mantén tu expectativa. Sigue creyendo.
Dios no te va a abandonar.
Cuando Él habla, Él cumple.
Y aunque hoy todavía estés peleando la batalla, comienza a entonar tu cántico de victoria.
Él sigue siendo tu roca.
Él sigue siendo tu refugio.
Él sigue siendo tu libertador.
Él es tu fortaleza.
Con amor,
Apóstol Wanda Rolón
