Tengo Una Familia

Escrito el 31 agosto 2026
Iglesia La Senda Antigua

AMADA FAMILIA EN LA FE,

Hoy quiero recordarte algo que quizás, en medio de las luchas, las diferencias y aun las decepciones, podemos llegar a olvidar: en Cristo, tenemos una familia.

La Palabra nos dice en Gálatas 6:10 que debemos hacer bien a todos, especialmente a los de la familia de la fe.

Cuando recibimos a Jesucristo no solamente recibimos salvación. También somos integrados a una familia espiritual. Por eso, la iglesia no es simplemente un templo al que asistimos los domingos; es la familia a la que pertenecemos.

Somos diferentes. Tenemos distintas personalidades, edades, culturas, experiencias y maneras de pensar. Pero tenemos un mismo Padre, un mismo Salvador y somos guiados por el mismo Espíritu.

La Biblia dice que ya no somos extranjeros ni advenedizos, sino miembros de la familia de Dios. No somos visitantes. No somos desconocidos. ¡Somos familia!

Y una familia verdadera se demuestra en la manera en que ama.

Cuando Pedro estaba preso, la iglesia no se olvidó de él. Mientras Pedro estaba encerrado, había una iglesia orando por él. Quizás hoy estás atravesando una batalla y sientes que estás solo, pero quiero recordarte que hay una familia de la fe que puede levantarse para clamar por ti.

En esta familia llevamos las cargas los unos de los otros. Oramos. Servimos. Restauramos al que cayó. Animamos al cansado. Perdonamos al que nos hirió y levantamos al que ya no tiene fuerzas para continuar.

A veces hace falta un Cirineo en la vida del que está abajo.

Ahora bien, debemos estar alertas. El enemigo sabe el poder que existe cuando la iglesia permanece unida. Por eso intentará sembrar ofensas, sospechas, comparaciones, celos y murmuración para dividirnos.

No se lo permitamos.

Las diferencias no tienen que separarnos. Efesios 4:3 nos llama a guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.

Nuestra familia de la fe no es perfecta. Habrá momentos difíciles, diferencias y situaciones que tendremos que resolver. Pero seguimos siendo familia.

Jesús mismo nos enseñó a restaurar. Después de que Pedro lo negara, Jesús no lo descartó. Lo buscó, preparó alimento para él y volvió a darle propósito. Así funciona la familia del Reino: no abandona al caído; procura restaurarlo.

Por eso hoy quiero invitarte a valorar tu iglesia.

Valora a quienes oran por ti.
Valora a quienes sirven.
Valora a tus hermanos.
Honra a quienes Dios ha colocado para dirigir.
Perdona. Sirve. Ama. Congrégate.

No permitamos que se apague el amor.

Hebreos 10:25 nos recuerda que no debemos dejar de congregarnos. Este no es tiempo para aislarnos del rebaño; es tiempo de acercarnos más, permanecer unidos y prepararnos juntos para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

La familia de la fe no es perfecta, pero es un regalo de Dios.

Tengo una familia… y la valoro.

Con amor,

Apóstol Wanda Rolón