AMADA FAMILIA EN LA FE,
Estuvimos ministrando bajo la poderosa verdad de Efesios 2:1-7, recordando el gran amor con que Cristo nos amó, aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados.
Muchas veces, con el pasar del tiempo, olvidamos de dónde el Señor nos sacó. Corremos el riesgo de mirar por encima del hombro a aquellos que todavía no han tenido un encuentro con Cristo, sin recordar que fue Su misericordia la que nos alcanzó. Alguien nos predicó. Alguien extendió su mano. Alguien nos habló del Reino.
Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido, y hoy nos corresponde modelar ese mismo amor. En medio de tanta violencia y desesperanza, la Iglesia está llamada a hacer la diferencia, porque el mensaje de Cristo es vida, es restauración y es esperanza para todos.
La Palabra nos enseña que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras. Por eso reflexionábamos:
¿Para qué somos salvos?
¿Qué estamos haciendo con los talentos que Dios nos dio?
Los dones y talentos no nos pertenecen; fueron entregados para edificarnos y para multiplicarlos. Una iglesia que no ora es una iglesia sin poder, y una vida pasiva limita lo que Dios quiere manifestar.También recordamos que las tormentas no vienen para destruirnos, sino para afirmar nuestra fe. Así como los discípulos vieron a Jesús caminar sobre las aguas, el pueblo que ama la presencia de Dios tendrá experiencias sobrenaturales que otros no tendrán. Dios nos llama a caminar por encima de las circunstancias.Sin Cristo estábamos alejados y sin esperanza, pero por Su sangre fuimos acercados. Hoy tenemos acceso, identidad y autoridad. Nuestro nombre está escrito en el libro de la eternidad.
Por eso, iglesia, somos llamados a vivir agradecidos, a hablar de Cristo, a multiplicarnos y a compartir Su amor. Dios nos pedirá cuentas de lo que puso en nuestras manos. No fuimos creados para enterrar talentos, sino para producir fruto eterno. Recuerden siempre: fuimos rescatados por amor. Somos hijos y herederos juntamente con Cristo. Y lo que Dios ha preparado para nosotros es demasiado grande para vivir indiferentes.
Oremos para que el Espíritu Santo nos impulse a vivir con propósito, a servir con pasión y a reflejar a Cristo dondequiera.
Con amor en Cristo,
Apóstol Wanda Rolón
