AMADA FAMILIA EN LA FE,
Hoy quiero recordarles una verdad sencilla, pero profundamente poderosa: debemos vivir agradecidos.
La Palabra declara:
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.” — 1 Tesalonicenses 5:18
Vivimos en una sociedad que constantemente nos enseña a pedir más, buscar más y querer más. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a mirar hacia atrás y reconocer todo lo que Dios ya ha hecho.
Muchas veces recordamos con facilidad lo que nos falta, pero olvidamos aquello de lo que Dios nos libró. Olvidamos las puertas que abrió, los peligros de los que nos guardó, la provisión que llegó en el momento preciso, las fuerzas que recibimos cuando pensábamos que no podíamos continuar y las nuevas oportunidades que nos concedió después de nuestros errores.
Ser agradecido no significa que todo esté perfecto. Ser agradecido es reconocer que, aun cuando no entiendo lo que está sucediendo, Dios continúa siendo fiel.
Cada mañana estrenamos misericordia y cada noche tenemos razones para hablar de Su fidelidad.
David entendió esto cuando dijo:
“Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” — Salmo 103:2
Hay momentos en los que tendrás que hablarle a tu propia alma. Tendrás que recordarle a tu mente que Dios ha sido bueno. Porque la queja también crea una atmósfera, pero la gratitud transforma la atmósfera.
Quizás hoy no tienes todo lo que has pedido. Quizás todavía estás esperando una respuesta. Pero no confundas una temporada de espera con el abandono de Dios.
La Biblia no nos dice que demos gracias por todo, sino en todo.
No agradecemos por la enfermedad, por la pérdida o por el dolor; pero podemos levantar nuestras manos en medio de ellos y declarar: “Señor, todavía confío en Ti.”
Eso es gratitud madura.
Pablo y Silas fueron azotados y encarcelados, pero decidieron adorar. Mientras adoraban, la cárcel fue sacudida, las puertas se abrieron y las cadenas se soltaron.
Hay cadenas que comienzan a romperse cuando decides adorar en medio de aquello que todavía no comprendes.
Tu gratitud puede transformar una atmósfera.
Lucas 17 también nos habla de diez leprosos que fueron sanados mientras obedecían la palabra de Jesús. Diez recibieron el milagro, pero solamente uno regresó para postrarse a Sus pies y agradecer.
Jesús preguntó: “¿Y los nueve, dónde están?”
No quiero ser parte de los nueve que reciben y continúan su camino.
Quiero ser de los que regresan.
De los que recuerdan.
De los que agradecen.
De los que adoran.
De los que entienden que la mayor bendición no es una casa, un automóvil, una posición o una posesión.
Nuestra mayor bendición es Él.
Por medio de Cristo tenemos perdón, salvación, una nueva identidad y acceso al trono de la gracia.
Así que hoy, aunque todavía tengas peticiones delante de Dios, mira todo lo que Él ya ha hecho.
Agradece por Su misericordia.
Agradece por Su protección.
Agradece por Su provisión.
Agradece por las puertas abiertas y también por aquellas que Él cerró.
Agradece por lo que entiendes y confía en Él por aquello que todavía no puedes comprender.
¡Viva agradecido!
Que nunca tengamos tanto que pedirle a Dios que olvidemos detenernos para decirle:
“Gracias, Señor.”
Con amor en Cristo,
Apóstol Wanda Rolón