AMADA FAMILIA EN LA FE,
En este tiempo, más que nunca, necesitamos volver a escuchar el llamado del evangelio con seriedad: “Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados”. Hechos 3:19.
El mensaje de Cristo no comienza con condenación, sino con una invitación de amor. Dios no envió a Su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo sea salvo por Él. Pero esa salvación requiere una respuesta: arrepentimiento verdadero y conversión genuina.
Arrepentirse no es simplemente sentirse mal por lo que hicimos. Arrepentirse es cambiar la manera de pensar, reconocer el pecado, apartarnos de él y rendir nuestra vida bajo el señorío de Cristo. No se trata de emoción momentánea; se trata de transformación.
Hoy muchos quieren vivir a su manera, pero toda vida de espaldas a Dios termina perdiendo dirección, propósito y valor. Todo lo que se desconecta de Dios se pierde. Por eso el Señor sigue llamando al hombre, no para destruirlo, sino para salvarlo.
Así como Nínive escuchó la palabra, se humilló y alcanzó misericordia, así también Dios sigue esperando que Su pueblo vuelva a Él. Así como el hijo pródigo recapacitó y regresó a la casa del padre, hoy también hay una puerta abierta para todo aquel que decide volver.
No importa cuán lejos hayas estado. No importa cuál haya sido el pecado. La sangre de Cristo todavía limpia, perdona y restaura. Hay un Padre amoroso que recibe con misericordia al que se acerca a Él con un corazón arrepentido.
Pero también debemos entender esto: no podemos jugar con Dios. Hay que buscar al Señor mientras pueda ser hallado. Hay que llamarle mientras está cercano. Cristo viene, y tenemos que estar preparados.
El arrepentimiento y la conversión producen perdón de pecados, y luego vienen tiempos de refrigerio de parte del Señor. En Cristo hay nueva vida. En Cristo hay esperanza. En Cristo hay salvación.
Hoy te invito a hacer un alto y tomar una decisión. Examina tu corazón. Pregúntate si lo que haces agrada a Dios. Vuelve al Padre. Rinde tu vida completamente a Cristo.
Dios no quiere que nadie se pierda. Él anhela perdonar, restaurar y salvar.
Con amor en Cristo,
Apóstol Wanda Rolón