AMADA FAMILIA EN LA FE,
En Hechos 9 encontramos un relato poderoso que nos recuerda que Dios es capaz de tocar al más incrédulo, al más difícil y al más inesperado. Saulo iba camino a Damasco persiguiendo a los cristianos, pero en medio de su furia tuvo un encuentro con Jesús que cambió su vida para siempre. Aquel que perseguía a la Iglesia descubrió que estaba chocando con el mismo Dios.
Jesús le habló, lo detuvo y lo llevó a un lugar de dependencia, ayuno y oración. Saulo quedó ciego, pero en realidad Dios estaba preparándolo para ver de una manera nueva. Mientras muchos lo veían como enemigo, Dios lo veía como un instrumento escogido. ¡Qué grande es la misericordia del Señor! Él no mira como mira el hombre; Él ve propósito donde otros solo ven pasado.
Pero en esta historia también aparece un hombre llamado Ananías. No era un apóstol reconocido, ni una figura famosa, pero era un hombre de oración y obediencia. Dios le habló en visión y le pidió que fuera a buscar a Saulo, que le impusiera las manos para que recobrara la vista y fuera lleno del Espíritu Santo. Aunque Ananías tenía razones para sentir temor, decidió obedecer la voz de Dios.
Esto nos enseña una verdad profunda: la obediencia comienza cuando escuchamos la voz del Señor y respondemos con fe. Dios necesita nuestras manos, nuestras palabras y nuestra disposición aquí en la tierra. Hay personas esperando por lo que Dios ha depositado en nosotros. Hay gente que necesita una palabra, una oración, una visita, una imposición de manos, un acto de amor y de fe.
Todos estamos llamados a ser los Ananías de Dios. No todos serán pastores, no todos ocuparán una plataforma, pero todos podemos hacer la voluntad del Padre. Dios quiere usarnos para abrir ojos, levantar vidas y llevar esperanza a quienes otros han descartado.
Hoy te invito a meditar: ¿estás haciendo lo que te corresponde? ¿Estás obedeciendo la voz de Dios? ¿Estás dispuesto a ir donde Él te envíe, aunque sientas temor?
Deja el miedo, deja el orgullo y dile al Señor: “Aquí estoy. Usa mis manos. Usa mi voz. Usa mi vida”.
Con amor en Cristo,
Apóstol Wanda Rolón